Hombre solo jesus gardea


La comida de Lautaro es carne seca, maíz tostado, nueces y agua.

Vocabulario Cochimí

A veces la acompaña con una tablilla de chocolate amargo. Lautaro no cena ni almuerza. Cree que los sueños de la tarde lo alimentan como si fuera un festín. Habitualmente Lautaro y el gato comen juntos; Lautaro sentado a la turca: A las cinco de la tarde, Lautaro Labrisa y su gato van ya de camino.

Se mira emparejando la puerta, en la que puso un testigo, por si alguien entrara a robarlo. Otro tanto hizo con el pozo.

La luz es más oscura que el agua

Pero mientras sube y baja por las dunas y mira, su alma disuelva en profunda paz, la inmensidad que lo rodea, se mofa de sus propias medidas de seguridad, de la contabilidad de sus tristes prendas. Cinco años tiene dejando la casa sola una vez por semana y nunca se le ha perdido nada. Ellos se quitan los zapatos en la entrada para sacarles la arena y no se los vuelven a poner sino hasta el adiós. Son tres hombres de mediana edad. Y huelen a hierba del desierto, mil veces macerada por el sol.

Transportan sus mercancías en mochilas de lona que lucen un techito protector. Él nunca ha podido averiguar de dónde proceden. Ellos le dicen, escuetos: Pues del otro lado de las dunas o hay casas, hay un valle arenoso. El gato lo precede varios metros, dando saltos como caballito.


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El viendo de las soledades, cuando el animal llega a la cresta de la duna, le hace vibrar, como una jara, el rabo. La tumba de Ausencia Talavera, su mujer, es una especie de altarcito de huesos y cornamentas. Blanquea el aire y enreda al viento vespertino en su dura maraña. Los primeros tiempos venía él solo. Desnudo como se encuentra, Zamudio se acerca a la puerta por donde acaba de arrojar el papel y orina un grueso chorro que parece de oro. El ruido debió de oírse en los cielos.

Nadie como él para orinar un torrente. Lo que no se explica es el color amarillento del chorro, con tanta agua como bebió. Piens aen la rodajas de limón, en que él no conoce enfermedad, como no conoce las canas. Por segunda vez sonríe. Vuelto a su banco de lona sudada y a la mortificación de las moscas, Zamudio dormita un poco pero manteniéndose erguido, al modo de un centinela.

Como si de un momento a otro tuviera que verse obligado a saltar sobre un abismo. Los remolinos de polvo de la calle vienen a estrellarse contra el esprín de la puerta, a cernirse allí. Zamudio encoge las piernas: Busca con los pies debajo del banco los zapatos.

Sabe que no debe ausentarse de la casa para nada, que allí debe permanecer, esperando: El mes pasado no hacía tanto calor: De un golpe con el periódico mata cinco moscas que le pican en el hombro. Que las moscas tejan sin medida y sin concierto, cada una para su santo, su zumbido. Pero loq ue no tolera es que se unan con el fin de taladrarle, de vaciarle los nervios. En la acera de su casa las sombras han comenzado a caer y rodar hacia la calle. Zamudio se pega a la pared, hunde, como puede, el cuerpo en la sombrita que nace.

El agua que lleva del lado del sol, en el balde, le hiere, intermitentemente, los ojos con con su reflejo. Zamudio, a poco, abandona la sombra y cruza la calle. Los pelos rubios de su cabeza, con los rayos del sol, se aclaran como las palabras con el reposo. Zamudio mira al fondo de la calle solitaria. Su vida -piensa- es como esa calle. El polvo se traga el polvo como si nada.

El ruido de cascabeles del viento crece y le resuena a Zamudio en la caja de las costillas. Una figura de hombre o de mujer -no alcanza a distinguir bien- se aproxima andando muy despacio. Zamudio sonría, Como cuando le arranca la hoja al calendario.

Cultura Cochimí

Al caer la tarde, han caído también el viento y el polvo. Porque el hombre, para Gardea, también es un desierto. El Eco Del Big Bang Excelente libro de dibujos eróticos de Pablo Gallo, el cual pensó la excelente idea de que le acompañase a cada dibujo un relato y así busco a gente.

En el mundo inhóspito de Gardea, los hombres y mujeres cumplen con minuciosa exactitud los rituales que dependen de la presencia o la ausencia de luz. Pienso en el relato del ciego Abdula en "Las mil y una noches",.

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Comparto mi visión, lo que habita en mi y mi entorno. Con frases pausadas, pensativo, el hombre que gusta de la literatura latinoamericana, en especial de autores como Guimaraes Rosa,. El hombre volvió a la calle con un resplandor que no traía y con mi. Jesus Gardea is on Facebook.

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